La jubilación del pescador con mosca.
La pesca con mosca, además de un deporte o una ocupación de ocio al aire libre, es un estado de ánimo.
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| La juvilacion de un pescador con mosca |
La pesca desde hace bastante tiempo ha dejado de ser una actividad semiprofesional en la que, después de muchos años de dedicación y esfuerzo, el padre normalmente dejaba a uno de sus hijos sus conocimientos y sus aparejos.
Hoy, la pesca se abandona por imperativo de edad o de salud física. Sin embargo, la realidad es que se va abandonando de forma tan paulatina y escalonada que el propio pescador no se percata de ello. Se van abandonando las corrientes más fuertes, se evitan los tramos accidentados, las largas caminatas y los lugares que casi siempre fueron inaccesibles.
Entre tanto, mientras tengamos fuerza en nuestras manos para manejar una caña o vadear un río, seguiremos pescando, ejemplos no faltan. Izaak Walton fue capaz de pescar hasta una edad tan avanzada como la de los 94 años; George Edward Mackenzie hasta los 93, Frederick Halford hasta los 91 y el Sr. julio hasta los 90 años, por lo que es muy probable que en tanto seamos capaces de vadear un río, aunque sea despacio, con la ayuda del bastón, caminando por la orilla sin adentrarnos demasiado en las corrientes, y poder mantener una caña entre las manos con la firmeza suficiente como para lanzar una mosca y ver su deriva, podremos seguir pescando.
Lo realmente grave para el pescador con mosca se plantea cuando después de un accidente o como consecuencia de cualquier enfermedad degenerativa, el ejercicio de la pesca se convierte en algo casi imposible; sin embargo, he conocido casos de pescadores que con un par de muletas se acercaban al río para echar unas varadas, y otros que padeciendo artritis o eran alérgicos a la humedad seguían pescando.
Porque la pesca con mosca, como ya dije anteriormente, además de un deporte o actividad de ocio, es en realidad un estado de ánimo. No puedo dejar de recordar a Edward Grey, exministro de Asuntos Exteriores del Reino Unido a principios del siglo pasado, al que debemos uno de los más bellos libros sobre la pesca con mosca, “Fly fishing” (Pesca con mosca) 1899, que en los últimos años de su vida y casi ciego, seguía pescando truchas y salmones.
Porque cuando el final de un pescador con mosca llega de esta forma, es preciso resignarse y renunciar. A esas alturas de la vida ¡hemos renunciado ya a tantas cosas!: a la cotidiana y admitida renuncia a los ardores de la juventud, a la buena mesa, tal vez a la capacidad de asombro, y posiblemente a la ilusión de aprender. Tan solo nos queda esperar, esperar pacientemente.
Sin embargo, creo y pienso que el simple hecho de lanzar una mosca comunica vitalidad al pescador que permanece a pie de río practicando su deporte favorito. Conozco algunos pescadores que con más de ochenta años siguen fieles a la apertura de la veda de la trucha, y que tal vez algunos privados del carnet de conducir, disponen de hijos y sobrinos que les acompañan en sus salidas de pesca.
Yo mismo sigo pescando con la misma ilusión que cuando era joven; aprendiendo nuevas técnicas y practicándolas en el río, probando nuevos materiales que salen continuamente al mercado para confeccionar nuevos patrones de moscas, leyendo libros, ayudando con mis blogs a difundir la pesca con mosca, dando apoyo a quien se acerca (dentro de mis posibilidades), y por supuesto, siempre atento a todas las novedades que puedan surgir en este fascinante mundo, y si no fuera por la progresiva degradación de los ríos, estoy seguro de que mi pasión por la pesca con mosca sería aún mayor.
Considero que la pesca es una actividad irrenunciable; existen ejemplos de pescadores que faltándoles las piernas siguen luchando con los peces hasta acercarlos a la embarcación. Viejos pescadores con mosca que no pueden seguir la deriva de su artificial con la facilidad que lo hacían antes de que la vista les comenzara a fallar, pero que son capaces de determinar el decisivo instante en que el pez toma la mosca. Pescadores que han llegado a la serenidad y a la paz y para los que la simple visión de una trucha o de un río truchero es un hecho glorioso. Pescadores que han tomado tanto cariño a las truchas que solo las molestan lo mínimo imprescindible, permitiéndose el lujo de, eso sí, engañar alguna de vez en cuando. Estos pescadores ya han visto puro y cristalino el río de su interior…
Creo sinceramente que la pesca con mosca termina cuando el pescador realmente desea terminar con la pesca. Existe tal diversidad de técnicas de pesca con mosca, que por muy mal que nos encontremos siempre nos quedará la posibilidad de practicar alguna de ellas.
Un abrazo a todos los mosqueros mayores que siguen a pie de río.



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